Bueno, pues aquí les dejo el segundo capitulo de esta mini novela, "Pasion, Amor y Sangre" ese fue el titulo que se me ocurrio ¿Qué les parece, jeje, espero que les guste a todos, gracias a los que pasan. ;D
CAP. 2 NUEVO DESPERTAR
Ya llevaba casi una semana en este lugar, los días parecían ser más tranquilos en este lado de la civilización, que en ocasiones se tornaba un tanto aburrido. Edward no se quejaba, habíamos pasado los días teniendo todo tipo de conversaciones, desde cómo había estado el almuerzo hasta de las nubes que cubrían el cielo, recordando los juegos que solíamos jugar cuando éramos unos niños, cuando solo nos concentrábamos en nuestra siguiente aventura, ya fuese de piratas o de exploradores de tierras vírgenes. Esa época de mi vida en donde los juegos habían sido mi prioridad, ahora las cosas estaban cambiando, nuestras prioridades habían cambiado de una manera significativa y el pensar en formas un hogar con una buena mujer era nuestra preocupación, más bien dicho mi preocupación.
Ahora era de noche, bastante tarde, el insomnio no me permitía dormir apasiguadamente en mi cama, y eso era lo que me había traído a rondar por todas las habitaciones de la hacienda, encendiendo con la vela que portaba en mano todos los candelabros que encontraba a la vista. Poco a poco fui llenando de luz casi todo el lugar, mientras afuera caía un torrencial diluvio que permitía muy poca visibilidad hacía el exterior. Me senté el mi escritorio y tome una pluma, tal vez hacer algunos garabatos me distraerían un poco. Estando a punto de hacer la primera línea sobre la hoja en blanco cuanto llamaron a la puerta principal, el eco del martilleo recorrió las habitaciones hasta donde y estaba, aguarde un momento para confirmar que realmente alguien tocaba, y así sucedió, no había ninguna de las mujeres de servicio para que abriera así que me apresure a abrir, quien quiera que fuese no tenía derecho de estar irrumpiendo a altas horas en mi propiedad.
Al llegar a la puerta me recargue sobre ella para poder escuchar a la persona que estaba detrás, y solo logre oír un débil golpe, apenas audible; en ese momento abrí la puerta, esperando encontrar al hombre causante del escándalo, estaba ya buscando mis palabras para despedirlo de la propiedad, sacarlo yo mismo si era necesario, pero todo lo que había cruzado por mi cabeza se borro en el instante en que vi su rostro. No era un hombre como había imaginado, era una joven, estaba empapada de los pies a la cabeza, el tocado de su cabeza se había deshecho y le colgaban mechones de su negra cabellera, su piel era blanca y sus labios tenían un extraño color azul pálido, su cuello y la parte superior de su vestido estaban manchados de un color rojizo algo diluido por el agua de la lluvia. Apenas podía estar de pie, me vio un instante y me dijo con una voz muy débil:
- Señor, ayúdeme
En ese momento cayó desplomada por el suelo, ni siquiera me había dado tiempo de atraparla para evitar su caída, me hinqué a su lado y comencé a hablarle y a sacudirla un poco para hacerla reaccionar.
- Señorita, señorita, ¿Qué le ha pasado? Respóndame por favor
- Ayudadme, señor, os lo suplico, ayúdeme
La levante en mis brazos y me apresure a llevarla a la habitación más cercana, la recosté y comencé a hablarle de nuevo mientras la arropaba con las sabanas que tenía la cama
- Señorita ¿Puede escucharme? Os lo suplico dígame ¿Qué le ha pasado, como puedo ayudarle?
- Quema
- Señorita está ardiendo en fiebre
De inmediato me apresure a tomar unas toallas del baño y un traste en donde colocar agua; cuando regrese ella había perdido el sentido, moje las toallas y una se la puse en la cabeza, mientras que con la otra comencé a limpiar sus brazos, que estaban llenos de tierra y pequeñas ramitas de árboles, en las palmas de sus manos y a lo largo de su brazo habían raspaduras, su cuello también tenía lodo pero me sorprendió mucho ver que el liquido rojo que estaba sobre su piel era sangre, en la parte de su cuello donde estaba más manchada era de donde provenía, tenía un par de orificios de cierta profundidad, la sangre no dejaba de fluir a pesar de que constantemente estaba limpiando y haciendo un poco de presión sobre las heridas, de vez en cuando ella abría los ojos pero nunca enfocaba algo es especifico. Decidí hablarle a Edward, el me ayudaría a cuidarla, aun era muy temprano, pero no podía esperar más tiempo ella parecía enferma y sus heridas parecían severas. La lluvia había bajado su intensidad y ya era más fácil poder llamar a alguien para mandar por el médico inmediatamente, tenía la esperanza de que la fiebre fuera causada solo por la lluvia y que su estado de salud no empeorara.
Edward se sorprendió mucho al verla, a pesar del aspecto que tenía debajo de ese rostro que sufría había características muy finas en su rostro, su nariz, sus ojos, la forma de sus labios, las líneas de su quijada, su cuello. Sus características no parecían las de alguien que trabajase en el campo, era de complexión fina y menuda, tenía cierta gracia a pesar de estar enferma. Mi amigo no paraba de decir que no podía creer que él no hubiera escuchado cuando llamaron a la puerta.
- Yo soy el que tiene el sueño ligero y tu eres quien le abrió
- Ya te lo dije, no estaba durmiendo, estaba en el estudio y escuche que tocaban, pensé que era alguien que trataba de aprovecharse de la lluvia para entrar y cuando abrí la puerta era ella. No me explico de donde proviene, no venía nadie con ella
- Es extraño que una señorita ande fuera de su casa a esas horas
- Si, lo sé, la situación es extraña, esperemos que se recupere pronto para que pueda decirnos que ocurrió. Lo que me preocupa ahora son las heridas que tiene en el cuello, nunca antes había visto algo así y ella realmente parece estar sufriendo
El médico llego una hora más tarde, nosotros apenas podíamos hacer algo por ella, la fiebre no cedía y parecía ponerse cada vez más grave, después de la inspección en médico no estaba muy seguro de que era lo que ella tenía, al parecer tenía características de pulmonía, pero no le encontraba razón a las heridas de su cuello. Le había inyectado un medicamento que esperaba le hiciera efecto, y había dejado otro para que se le pusiera en caso de que siguiera igual.
La mañana transcurrió igual, me sentía tan responsable por la joven que no me aleje de su lado en ningún momento, extrañamente me sentía ligado a ella de alguna manera. Era algo nuevo para mí, pues nunca había sentido eso por ninguna de las jóvenes que había conocido con anterioridad, era extraño, pero no me desagradaba el sentirme así.
Al siguiente día ella no mostraba signos de haber mejorado mucho su estado de salud, aun seguía con fiebre y no ingería ningún tipo de alimento, no tenía suficiente fuerza ni siquiera para incorporarse. Le seguían aplicando antibióticos, pero por la tarde, a la hora que le tocaba la segunda inyección del día algo muy extraño pasó, la aguja de la jeringa no paso su piel, al intentar hacer presión contra su piel la aguja se quebró el dos, lo intentaron nuevamente y sucedió lo mismo.
Edward más que preocupado estaba sorprendido, y un poco asustado. Los cambios que se produjeron en ella en las siguientes horas fueron aun más sorprendentes: la fiebre descendió drásticamente, por un momento pareció mejorar, hasta que su piel comenzó a sentirse fría, el sudor que despedía su cuerpo era igual de frío, su piel había palidecido aun más y había tomado una textura algo lisa, pero seguía sin reaccionar. Seguía preocupado, no sabía que significaba esto, y el médico no era de mucha ayuda, nunca se había enfrentado a un caso como este. Me sentía impotente de no poder ayudarla, de no saber qué era lo que le había pasado, pero más que nada de saber que no podía hacer nada por ayudarla, se estaba muriendo, y nadie podía hacer nada para evitarlo.
Toda la noche la pase con ella, velando su sueño y cuidando de ella. En algún momento de la noche me quede dormido, y tuve un extraño sueño en donde ella estaba corriendo, en mitad de un bosque, me tenía tomado de la mano, no me veía ni me decía nada, pero parecía asustada, como si huyéramos de algo o alguien, yo volteaba hacía atrás pero solo podía ver los troncos de los enormes pinos que dejábamos detrás nuestro, corrimos y corrimos, hasta que llegamos a un claro, nos detuvimos y un momento después estábamos rodeados por varios hombres y mujeres de raro pero hermoso aspecto en ese momento sentí que el sueño se había convertido en una pesadilla. Desperté aun a un lado de la joven, durante mi pequeña siesta había despertado, tenía los ojos totalmente abiertos, pero estaba completamente estática, ninguna parte de su cuerpo se movía.
- ¿Cómo se siente? ¿Sabe en donde se encuentra? ¿cuál es vuestro nombre?
- ¿Mi... nombre? Me llamo Elizabeth
- Hermoso nombre, ¿Cómo se siente?
- No os lo puedo explicar, señor
Se incorporo en la cama, se puso de pie frente a mí, pero al momento que se proponía marcharse, tambaleo un poco parecía que se volvería a caer, pero yo la logre sostener por el codo.
- Señorita, por favor, tome asiento. Aun no está usted bien de salud. Debe de guardar reposo un tiempo más, se lo suplico acepte ser una huésped en mi casa hasta que su salud mejore.
- Señor, usted no entiende, no puedo quedarme, permita que me marche, es lo mejor. No tiene idea de lo que me ha ocurrido, y no puedo contarle pues estoy segura que no me creería - mientras decía estas palabras subía su mano hasta su cuello, en el lugar en donde estaban sus heridas, tenía una gasa y la arranco sin dudarlo, me sorprendí mucho al ver que no había nada, ni un solo rastro de las heridas que había visto hacía dos días - me encuentro pasando por una situación muy difícil, es muy necesario que me marche
- En ese caso, permítame llevarla a su casa
- No, es muy peligroso
- Si es peligroso, cambie de parecer y acepte ser mi huésped - camino hacia mí, su paso tenía cierto sigilo salvaje y al mismo tiempo un porte y elegancia que jamás había visto en una mujer, habían ciertos detalles en ella que parecían extraños, pero esas eran las cosas que me atraían de ella -
- Lo siento, señor, temo que no puedo aceptar su oferta. Gracias por todo lo que ha hecho por mí, que estoy segura a sido mucho, y le pido una disculpa por la situación en la que lo estoy comprometiendo
En un abrir y cerrar de ojos ella cruzo la habitación y salió por la ventana, quebrando en mil fragmentos, que quedaron dispersados dentro y fuera de la habitación. Cuando me aproximé a ver no había rastro de ella. Se había ido y sin dejar ningún rastro de su presencia, más que una ventana rota y un vestido que había quedado en el armario